mayo 20, 2013

some issues


Los hilos de la marioneta que fabricó mi padre
nacido en la costa
que el mar rasguña cuando sube la marea

Los hilos de la marioneta enredados en los dedos de mi padre
sus dedos salpicados de blanco de españa
que cubre la madera
para impregnarle su color piel

Todo puede tener vida en las manos
que reciben en un soplido las palabras
guardadas en la boca
dibujada por mi padre sobre la madera

La madera del tronco donde se columpió
mi padre hijo del mar
formó una marioneta silenciosa como la madrugada

Todo puede tener vida en las manos
la arena húmeda en la playa puede ser una casa de cangrejos
que forman las manos con los hilos enredados
que conectan a la marioneta con mi padre

La marioneta nieta del mar

El color del mar igual al alma de la marioneta
que forjó mi padre con sus manos
entre sus dedos hilos de arena.

julio 12, 2012

El color del calor


No me explico que en un día gris pueda hacer tanto calor. Es como si el viento y la lluvia se hubieran ido para siempre y un vengativo Sol invisible reinara sobre el planeta muerto de sed.
      Me dicen en la aldea: "Hay calor amarillo y calor verde. El de ahora es calor rojo. No, el infierno no ha ascendido a la superficie. Es que a causa del progreso la Tierra desciende al orbe subterráneo en donde sólo existe fuego oscuro. Poco a poco bajamos sin darnos cuenta hasta el centro en llamas. Nos fundiremos con la hoguera en que empezó este error ya irreparable".

José Emilio Pacheco, La edad de las tinieblas

junio 29, 2012

LP para Prisma

Cantar

Tomó un puñado de pájaros y los insertó vivos en su garganta. Hoy los hace volar, invisibles, cuando vibran mientras ella estira sus brazos.


Amanecer en Tokio

Muchas palabras dichas a lo largo del camino
quise decirlas todas mientras reinábamos
pero las costas del amor fueron azotadas por las olas
y cuando desaparecieron
desee haber podido ahorrar tiempo

la pequeña chispa de  una flama
otro corazón que late lejos

pienso que perdí tu escencia después de la lluvia,
te encontraré cuando nuestros senderos se crucen por las minas de oro

a dónde irás
¿a dónde?
te puedo decir que, sí,
en el cielo de algún-día veremos el mismo sol alzarse
donde sea que vayas
lejos como Tokio
puedo decir que yo te veré otra vez
te veré otra vez
te veré otra vez

sufriendo una deuda jamás pagada
caballos rompen, caen al abrir sus piernas

respirando la mitad de aire desde que te fuiste
pero mientras nuestra sangre permanezca tibia
mantendré los fuegos del hogar.

Mi amor nunca se irá,
estará cerca algún día,
mi amor nunca se irá...
te veré otra vez.